Jamás imaginé que realizaría una boda en Nochevieja, pero cuando Sagrario me escribió diciéndome, «Eli, Ventu me lo ha pedido», ya sabía yo que ese año iba a ser diferente.
Ventu, elegante con su traje de Momos Tailors y visiblemente emocionado, observaba a Sagrario, preciosa con su vestido diseñado por Manuel Espuch.
Los dos estaban disfrutando como niños de su día, habían soñado con casarse el último día del año y lo tenían todo preparado para que la boda no parase de sorprender a sus invitados.
A la llegada al cóctel en el restaurante Torre de Reixes, les esperaba un conciertazo, seguido de una cena espectacular, y un bingo hasta la hora de las campanadas.
Al ser una boda en Nochevieja, no podía faltar el cotillón y una gran pantalla para ver en directo las campanadas, (con la Pedroche por si te lo estas preguntando).
Y por supuesto, todos comimos nuestras 12 uvas (unos mejor que otros todo sea dicho) y al finalizar ocurrió algo muy bonito que nunca olvidaré .
Normalmente suelo llorar en este momento en el que acaba un año y empieza otro, pero en esta ocasión pude comprobar que no era la única, habían muchas personas abrazadas llorando, y muchísimas otras sonriendo felicitando el nuevo año.
Supongo que es la magia de celebrar una boda en Nochevieja, abrazas, lloras, sonríes y felicitas, me pareció tan precioso.
Y fue entonces cuando Sagrario sacó unas alas de ángel preciosas y los invitados se volvieron locos bailando en la que fue la última noche del año, mi última boda del año y mi primera del 2025.
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